El espacio es muy luminoso y agradable, doy dos pasos adelante mientras busco con la mirada una voluntaria. Hay cerca de 100 niños de infantil, de entre 3 y 5 años.
Para este juego, es casi el último del espectáculo, me gusta sacar dos estudiantes. A ser posible un niño y una niña. Ya he seleccionado un niño, así que me falta una niña.
Paseo la mirada por el fondo, donde están los niños de 5 años. Acabo de poner un tendedero, una cuerda sostenida por dos soportes que atraviesa todo el escenario, y tiene ropa colgada. Por eso busco entre los mayores, necesito que tengan cierta destreza para quitar las pinzas.
Busco a los que tienen pinta de "espabilados".
Veo una niña con gafas, aparentemente un poco despistada, pero tiene la mano levantada y me llama la atención.
Sale sonriendo mientras parte de sus compañeros la aplauden y veo a dos profesoras cuchichear, por lo menos hoy, no hay ninguna con el móvil.
El espectáculo es La Magia del Reciclaje, una clase mágica donde aprenden a reciclar y a cuidar el medio ambiente.
Este juego que estoy a punto de hacer es genial, es de los que más disfruto.
Tengo al niño a mi izquierda, Carlos, en un extremo del tendedero y a la niña, Mariluz, a la derecha, en el otro extremo.
Les digo mientras les muestro con gestos y sujeto una bolsa negra: "Tienes que quitar la pinza, coger la prenda de ropa, vuelves a poner la pinza en la cuerda y la prenda la metes en la bolsa".
Sencillo, hasta los niños de 3 años lo entienden.
El niño quita su prenda y la mete en la bolsa, me giro hacia la niña y viene con la pinza en la mano, la prenda se le ha caído al suelo.
"La pinza en la cuerda, y la prenda en la bolsa" le digo a Mariluz con voz divertida.
Hay risas en las primeras filas.
Carlos vuelve con su prenda y Mariluz viene otra vez con la pinza y la mete en la bolsa.
En esos momentos, me gusta hacer un poco el loco y vuelvo a decir con voz divertida que hace que se partan de risa: "Quéee la pinza en la cuerda y la prenda en la bolsa".
Saco la pinza de la bolsa y se la doy, Mariluz la pone en la cuerda, le cuesta un poco pero la siguiente vez ya viene con la prenda en la mano. ¡Bien!
Llega el momento en el que tienen que elegir una de las prendas de la bolsa sin mirar.
Primero va el niño, Carlos, la coge y la enseña. Le digo : "Di alto y fuerte, ¿qué prenda has cogido?"
"Un calcetín", dice gritando con todas sus fuerzas.
Otra vez oigo risas.
La niña, Mariluz, mete la mano y saca una pajarita, le digo igual que antes a Carlos: "Di alto y fuerte, ¿qué prenda has cogido?"
Me responde súper bajito, tan bajito que casi no la entiendo.
Le digo "más alto" mientras miro al público y veo a una profe negando con la cabeza y mordiéndose el labio inferior.
Vuelve a responder, apenas la oigo, por lo que pienso que es tímida. Así que la ayudo y lo digo yo en alto.
El juego termina con una sorpresa muy mágica. Los dos vuelven a su sitio encantados entre aplausos de sus compañeros. Al fondo, los aplausos suenan un poco más fuerte de lo habitual.
Una vez que hemos terminado y los niños se han ido, se acerca la profe que nos ha contratado.
"Has sacado a Mariluz", me dice.
Sí, le contesto, creo que lo ha hecho muy bien, pero hablaba un poco bajito, ¿es tímida?
No, me dice, Mariluz tiene un retraso mental y de lenguaje. No sabe vocalizar bien y le cuesta hablar.
Nunca la sacan.
Hoy la has hecho feliz.
Me quedo parado.
Callado.
Alex comenta con la profesora, pero yo no las oigo. Pienso en la cantidad de niños como Mariluz que durante estos años he dejado sentados en su sitio mirando. Deseando participar.
Estamos terminando de recoger cuando salen todos al recreo. Mariluz pasa con una amiga y me saludan con la mano. La saludo por su nombre, y veo como mira a su compañera emocionada.

