Cojo el traje que tengo colgado en "el mueble del chocolate" y busco el mando del garaje.
No está en su sitio.
Cuando no está en su sitio, sé por experiencia que puede estar en cualquier parte.
Así que me paro un momento, respiro y pienso.
Ni idea.
Miro en los sitios en los que lo he podido dejar, encima del altavoz de la entrada del jardín... no está.
En el cuadro donde están las llaves de casa colgadas... tampoco, nunca lo dejo ahí.
Así que me voy corriendo a la biblioteca porque a veces me lo dejo en la mesa del ordenador. Subo las escaleras, miro en una estantería que hay arriba, donde muchas veces dejo cosas. Tampoco.
Voy a mi mesa. Ni rastro.
Sólo me queda una opción. Así que voy decidido al garaje y miro en la furgoneta, que está cargada con el espectáculo de Wacky Science. Hoy actuamos cerca, en Griñón, pero tenemos que irnos ya y el mando de Alex no abre la puerta donde está guardada mi furgoneta.
Pienso que sería raro que me lo dejase ahí, porque cierro la puerta del garaje cuando salgo. No aparece.
Ya me empieza a dar el tic de la cabeza.
Pero de repente me acuerdo de que Alex ayer me pidió el mando para abrir al de Amazon que traía un paquete. Así que voy corriendo a buscarla. Está saliendo ya de casa con las jarras que usamos en Wacky Science, ayer las lavé y hoy las necesitamos.
Le pregunto si ha visto mi mando.
Me dice: sí, está aquí, dentro de esta jarra.
En ese momento me doy cuenta: no hace ni veinte minutos que he metido el mando dentro de la jarra para que no se me olviden.

