El otro día estaba en una actuación de magia familiar en el Club de Campo de Madrid, y en un momento pregunto: ¿Alguien sabe qué es lo más importante para poder hacer magia?
Veo una niña que levanta la mano, que le brillan los ojos y sobresale entre los más de 150 niños que hay sentados delante de las sillas donde están sus padres. La veo sobre todo porque su cara refleja la emoción de quien sabe la respuesta y quiere decirla en voz alta.
Le doy el micrófono y dice: "Creer en ti".
Oigo la risa de algunos padres, estamos cerca del final de la actuación. De momento ha sido un éxito, se han reído, han aplaudido mucho y se han quedado más que alucinados con la magia que han visto.
Así que en ese momento, por unos segundos, pienso que esa niña de 7 años me está diciendo que tienen que creer en mí. Como si yo fuese un guía, un gurú espiritual o el maestro mágico que lo sabe todo.
Me quedo parado, como en shock. Alex me dijo que no notó nada, igual fueron dos segundos, pero para mí fue un momento en el que el tiempo se paró.
Tengo varios pensamientos en décimas de segundo mientras extiendo la mano para recoger el micrófono y bajo la mirada un poco inseguro:
¿Me está diciendo que tienen que creer en mí...? No hombre... Qué maja, me encanta, verás cuando se lo cuente luego a Lola y a Carol... pero cómo van a creer en mí si yo no soy nadie. ¿Qué estarán pensando los padres ahora? ¿Por qué se han reído? ¿Les ha hecho gracia que diga que tiene que creer en mí, un mago al que apenas conoce...? Pues sí que les estoy dejando huella, me están viendo como la solución para hacer magia. Hoy me estoy saliendo...
Así que la miro a los ojos, y contesto: "No hombre, bueno sí, pero no creer en mí, o sea, tienes que creer en ti".
Me siento torpe, perdido y no sé bien como seguir, cierto es que tengo ya muchas tablas y continúo el espectáculo.
Al terminar la actuación le digo a Alex, ¿has oído a la niña que ha dicho que para hacer magia tenía que creer en mí? Me ha encantado.
Alex me mira, y me dice, sí, pero yo no lo he interpretado como que tenía que creer en ti, sino como que tenía que creer en sí misma. Lo que te ha dicho es que tenemos que creer en nosotros para hacer magia.
Se me queda cara de tonto.

