Veo que hay una caja vacía, así que cojo mi carro de Mercadona y acelero mirando a los lados a ver si viene alguien. Miro atrás a ver si veo a Alex, que ha ido por unas cremas de verduras.
¡No! Está hablando con Sara... trabaja en Mercadona, es maja, pero justo ahora no...
Sinceramente no sé por qué tengo prisa. Acabamos de venir de Málaga. Es miércoles. El lunes nos fuimos a Utrera, en Sevilla. Actuamos en un cole el martes. De ahí nos fuimos a Cómpeta, en Málaga. Hemos actuado esta mañana allí y, como mañana es el cumple de Lola, que cumple 18, pues hemos pasado a comprar una tarta.
Quiero llegar a casa, porque tengo que hacer un pedido de unos artículos que he encargado para un espectáculo, y me apetece hacer unos estiramientos. Me los pide el cuerpo.
¡Ya viene Alex! La verdad es que se la ve cansada. Se ha dormido un rato en la furgo, pero no le ha sentado bien. Tiene mala cara.
Así que pongo las cosas en la cinta, pagamos y salimos.
—¿Qué te ha dicho Sara? —le pregunto.
Me ha dicho que ir hasta allí a actuar ya es amor al arte.
Me quedo pensando.
El lunes nos dimos un paseo por Utrera, muy señorial, unas calles que te atrapan y mucha vida. Disfrutamos de una tarde juntos. Vivimos un episodio muy curioso en el Mercadona de allí. Dormimos en un hotel precioso. Típica casa andaluza con patio remodelada con muy buen gusto.
En el cole en el que actuamos nos esperaban con una ilusión enorme. Nos lo pasamos genial actuando. Los niños disfrutaron mucho y los profes nos felicitaron. ¡Quieren repetir el año que viene!
Nos fuimos los dos en la furgo, “on the road again”, como nos gusta decir. Rumbo a Cómpeta, en Málaga.
Llegamos sobre las 16:00, después de una subida espectacular por la montaña, al hotel.
Nos alojamos en un hotel muy curioso, anclado como una cápsula del tiempo en los años setenta, con un encanto un tanto decadente. Nos dimos un paseo por el pueblo, que merece totalmente la pena verlo.
Vivimos un momento muy bonito los dos por la noche en la habitación. Disfrutamos con poco y somos felices juntos.
Por la mañana desayunamos en el hotel, fuimos a buscar a la profe al cole, que nos esperaba también con mucha ilusión. Actuamos en la antigua fábrica de bragas, que está reconvertida en un salón de usos múltiples con un escenario. Nos encanta encontrarnos con cosas así cuando vamos a los pueblos.
Es como vivir la vida con otra esencia. Otro ritmo, incluso otra alegría.
Acabamos de volver. Es verdad que son cinco horas de viaje, pero yo vengo con la sensación de volver de vacaciones.
Estos viajes son mitad trabajo, mitad viaje de novios.
Y encima, económicamente son rentables.
Desde fuera se puede ver como amor al arte.
Pero yo, hoy, me siento un privilegiado.

