A los 24 años todavía necesitaba que alguien me confirmara lo que tenía que hacer.
Estoy en mi primera reunión en la redacción de El Rotativo, el periódico de la Universidad. No cogen a todos los alumnos que lo solicitan, pero a Gustavo, el director y redactor jefe, le debí caer bien. Yo creo que fue por el pelo largo.
Gustavo tiene fama de ser duro, de gritar mucho y se cuenta que ha hecho llorar a varias alumnas. O eso he oído.
La primera vez que le vi me impresioné. Su bigote poblado, su expresión seria y un lenguaje corporal un poco agresivo fueron lo primero que percibí. Estaba echando la bronca a alguien que no vi bien, pues se estaba escondiendo detrás de la pantalla de un iMac rechonco que le servía de cobijo.
Apoyó las manos en la mesa, se inclinó hacia delante, me miró y me soltó un "¿Qué quieres?" seco, cortante. Su voz hizo que hasta el ruido de los teclados pareciera detenerse. Me quedé clavado. Dudé si merecía la pena preguntarle cómo podía entrar en El Rotativo.
Al final entré.
En la reunión se asignan tareas. Hay responsables de sección y colaboradores. Yo soy claramente un colaborador y mi primera asignación es como fotógrafo.
Tengo que ir a hacer unas fotos a casa de un tal Carlos Díaz, profesor de filosofía para ilustrar un artículo de un compañero.
Voy a ir solo.
Es mi primer encargo.
Apunto la dirección en una libreta.
La reunión termina y cada uno se pone a lo suyo.
Cojo mi libreta y me acerco al armario de las cámaras de fotos. Quiero la réflex digital, pero sólo hay una, y no es para mí.
Estoy a punto de salir cuando me doy la vuelta y me acerco a la mesa de Gustavo.
Dudando sobre mi tarea, le pregunto: ¿entonces, voy a casa de Carlos Díaz a hacerle unas fotos?
Me mira a los ojos.
Tarda unos segundos en abrir la boca.
Segundos que se me hacen eternos. Siento que me gustaría estar en otro sitio. ¿Quién me mandaría venir aquí? Podría estar en casa jugando a los videojuegos.
Sin dejar de mirarme fijamente, me dice: ¿Qué parte de que tienes que ir a casa de Carlos Díaz a hacer unas fotos no has entendido?
Me doy la vuelta.
Salgo por la puerta con mi cámara y mi libreta.
No he vuelto a preguntar nada dos veces.