Estamos en el Mercadona de Utrera, en Sevilla. Vamos buscando la zona de comidas preparadas, pero no la vemos.
Pregunto a una dependienta y me dice:
—Uy, aquí no hay, este Mercadona es muy antiguo.
Yo estaba pensando en el plato de arroz con salmón y verduras...
Cogemos unas ensaladas, un par de panes integrales y unas naranjas. Vamos a la caja y pagamos.
El supermercado está en los bajos de un edificio. Hay un pequeño pasillo que tenemos que atravesar para salir. Vemos que hay gente de pie, quieta, con las bolsas en la mano.
Están por todos lados, como salteados.
Están mirando hacia fuera.
Tenemos que ir haciendo zigzag entre la gente para asomarnos.
Alex me mira levantando las cejas y encogiendo los hombros. Mi mochila choca con una mujer.
—Perdón —le digo.
No se inmuta.
Conseguimos llegar a la puerta y asomarnos.
Está lloviendo.
Bueno, lo que en Madrid llamamos chispear.
Miro a Alex a los ojos, me devuelve la mirada y me dice:
—¿Salimos, no?
—Claro —le contesto.
Saco el paraguas de la mochila, pero si no lo llevase, tampoco habría notado mucha diferencia.
Pienso que algo se me ha escapado.

