Cuando termino una actuación tengo la costumbre de ir a la puerta de salida para despedir a todos los alumnos. Siempre les choco los 5. Hay quien me ofrece el puño, y quien hace un quiebro para evitar tocar mi mano.
Estoy en una sala grande, de unos 30 metros de fondo por 15 de ancho. Tiene el techo muy alto y de él cuelgan unas telas de acrobacia de diferentes colores que le dan un aire mágico.
Acabo de terminar el tercer y último pase de la mañana para niños de 8 y 9 años.
Los profes están organizando a los niños por clases para salir. Veo sonrisas, niños que me dicen que les ha encantado, otros me abrazan y siempre alguno me pregunta que cómo me llamo. Esto siempre me sorprende, porque en el show lo suelo decir cada vez que saco un voluntario.
Cuando veo que Alex ha tomado posición delante del escenario para que no se acerque nadie, y estoy a punto de dirigirme a la salida para despedir a los niños... noto tres toques en el brazo.
Me giro y veo un niño con el abrigo puesto sólo por la capucha y que me mira por encima de la línea superior de sus gafas con actitud desafiante. Tiene la cara seria, no enfadada. Una expresión diferente al resto.
Me mira fijamente y me dice: "Eres un estafador"
Se da la vuelta y se va.
Tardo un segundo en reaccionar.
Y en ese segundo pienso: ¿Estafador? No es forma de hablar a un desconocido. ¿Esto es mala educación? ¿Debo permitir que me hable así?
Salgo detrás de él, me cuesta un poco alcanzarle, porque hay niños por todos lados.
Le devuelvo suavemente los tres toques en el brazo.
Se gira sorprendido al verme.
Me agacho un poco para estar a su altura y le digo: "¿Crees que es de buena educación decir eso a alguien que no conoces y que acaba de terminar una actuación? ¿A ti te gustaría que te dijesen algo parecido si acabas de hablar delante de tu clase o tienes que enseñar algo a alguien? Piénsalo"
Y me doy la vuelta.
Oigo que dice: "es que..." pero me alejo y no oigo más.
Me arrepiento a los dos segundos. No de lo que le digo, sino de alejarme.
Cuando llego a la puerta, empiezo a despedirme de todos los niños, y le busco con la mirada. Quiero que me explique. Tendría que haberme quedado un segundo más para escuchar lo que tenía que decir.
No le reconozco.